Foro sobre cobertura periodística del narcotrafico en México


Texto: Itzel Ramírez

La Red de Periodistas de Juárez realizó el Foro sobre cobertura periodística del narcotráfico en México con la participación de seis periodistas provenientes del norte del país para compartir sus experiencias en el marco de la Feria Estatal del Libro Chihuahua 2017.

Desde el panorama profesional con los riesgos que implica la labor periodística en México hasta las narrativas más personales, los panelistas describieron qué ha significado la cobertura de la violencia que, derivada de las acciones del crimen organizado, ha inundado a todo el país, específicamente el norte y su frontera con Estados Unidos.

A continuación sus experiencias.


Rosario Mosso. Semanario Zeta. Baja California

 Editora de una de las publicaciones más emblemáticas del país por su cobertura sobre nacotráfico y fundada por el histórico Jesús Blanconernelas, Mosso inició el foro con una frase que describió la situación de las redacciones fronterizas.

“Nosotros no buscamos el tema del narcotráfico, el tema del narcotráfico nos encontró a nosotros”, sentenció Mosso.

Hace 32 años, contó Mosso, los periodistas comenzaron a ser testigos del avance del narcotráfico y su invasión a otras esferas de la sociedad.

“La gente del crimen organizado le prestaba a los empresarios. Permearon en la sociedad. Ellos invadieron las calles y nosotros empezamos a hacer las crónicas”, aseguró.

En las fiestas, detalló la bajacaliforniana, coincidían cada vez más y sin menor pudor políticos, funcionarios, empresarios y narcotraficantes.

Ante ese panorama, recalcó Mosso, los periodistas tuvieron que reaccionar. “Creemos firmemente en el Semanario Zeta que es necesario hacer algo. Nuestra labor como periodistas es informar. La sociedad bajacaliforniana ha sido muy castigada por el crimen organizado”, dijo.

Como periodistas, consideró es una obligación proporcionar a la sociedad información sobre lo que ocurre, específicamente, en un entorno como en fronterizo, infiltrado por el crimen organizado.

“Se trata de que la gente sepa quién es su vecino, con quién está tratando”, indicó.

La labor de los periodistas, consideró Mosso, no es criticar a los narcotraficantes, sino a las autoridades, las responsables del Estado.

“El tema no es que los periodistas no estén haciendo su trabajo… las autoridades no están haciendo su trabajo. No es nada más de decir estoy en contra de tal o cual narco, estamos en contra de las autoridades que no están haciendo su trabajo”, dijo.

En el último sexenio la cerrazón de las fuentes oficiales ha dificultado todavía más la tarea de corroborar datos. Una consecuencia, consideró, del trabajo periodístico que ha evidenciado la corrupción en los gobiernos.

“(Tenemos) un gobierno estatal y federal cada vez más corrupto. Sin entrevistas del presidente ni del gobernador porque hemos señalado los actos de corrupción de sus gobiernos”, dijo.

Así como inició, la intervención de Mosso cerró con otra frase que advierte y retrata la situación de riesgo de los periodistas.

“Cualquier fulano… piensa que puede matar un periodista porque lo hicieron jefe de una célula”, indicó.

Luis Alberto Medina. Proyecto Puente. Sonora

 En Sonora no se investiga el narco, comienza Medina, director general de Proyecto Puente, un portal de noticias e investigación de Sonora. La autocensura, impuesta en los últimos 12 años, se debe al riesgo que significa cubrir al narco. Medina recuerda las amenazas cumplidas con la desaparición del periodista Alfredo Jiménez Mota.

“No hay condiciones para investigar al narcotráfico en México, en la frontera. Investigar al narcotráfico es pensar en que si quieren perder tu vida”, mencionó.

Un 2 de abril de 2005 desapareció Alfredo Jiménez, reportero de El Imparcial.

“(Alfredo) llegó para explicar… qué es lo que estaba pasando con la violencia. El periódico cometió una omisión… en Sonora no se había investigado jamás el narcotráfico”, aseguró Medina.

“Un contacto nervioso lo había citado y desapareció”, dijo. Desde entonces, no supieron más de él. La Procuraduría General de la República abrió 13 líneas de investigación, ninguna prosperó. En 2008, cuenta Medina, le dieron ‘carpetazo’ a la investigación.

“En Sonora a partir de ahí ya no se investiga al narco. El mensaje fue ese, si tú te metes con el narcotráfico te van a desaparecer”, precisó.

Al frente de un equipo de 17 personas, que conforman Proyecto Puente, el periodista asume que no pondrá en riesgo a uno solo de sus compañeros.

Repite la frase que sus colegas en el panel comparten: Vale más, siempre, un periodista vivo que uno muerto.

La falta de condiciones para investigar al crimen organizado, corroborada con los asesinatos en 2017 de Miroslava Breach en Chihuahua y Javier Valdez en Sinaloa, obligan a un nuevo paradigma para los periodistas consideró Medina.

Alianzas editoriales, fortalecimiento de los vínculos entre los periodistas y sus organizaciones de defensa, son un modelo requerido para la emergencia que significa en estos tiempos dedicarse a informar.


 Martín Orquiz. El Diario de Juárez. Chihuahua

 A partir de 2007, Ciudad Juárez cambiaría para siempre para convertirse en la enigmática urbe más peligrosa del mundo, estigma que también entró a las redacciones de los medios juarenses, recordó Orquiz.

Lo normal, contó el jefe de información de El Diario de Juárez, era relatar los ‘picaderos’, donde la gente acudía para inyectarse heroína a la luz de todos.

“Los trabajos que hacíamos normalmente era documentarlos, tomar fotos, entrevistas, publicar historias. Era lo más que se podía ver. Los grupos del narco que han funcionado siempre trabajaban con mucha discreción”, rememoró.

Esa situación de violencia se retrataba en un promedio de homicidios “normal”, que no superaba los 200 en el año 2008. Para 2010, los muertos sumaron 3 mil 115.

“De repente en los 2000 comenzó una escalada pequeña, discreta, creímos que era por el crecimiento de la ciudad. Lo veíamos como un fenómeno natural”. Para

Orquiz coincide “el narcotráfico nos encontró a nosotros. Para 2008, 2009 2010, 2011, 2012, cualquier acción, cualquier suceso que ocurría en la ciudad estaba vinculado con el narco al grado de que no encontrábamos qué otro tipo de historias hacer”, mencionó.

Una sociedad callada, con un toque de queda autoimpuesto era el nuevo panorama al que debían enfrentarse los periodistas.

“El reto que nos impuso es que obviamente no sabíamos qué hacer… no lo podíamos evadir, ¿cómo hacer?, de la única forma que sabíamos en ese entonces, escribiendo”, mencionó.

El miedo llegó a la sociedad. No eran amenazas, eran muertes, recuerda Orquiz.

“Nos esforzamos mucho porque las muertes no fueran sólo números…trataron de ponerle rostro”, dijo.

En noviembre de 2008 un evento trastocó al periodismo de Juárez, el asesinato de Armando Rodríguez. Orquiz, colega y compañero de fuente de Rodríguez en la fuente de seguridad pública, la policiaca.

“Todos esos policías que nosotros conocimos se hicieron sicarios, jefes de sicarios. Después verlos encumbrados como los verdugos que fueron, para nuestra sociedad fue algo muy difícil”, sentencia.

En el caso del asesinato de Armando Rodríguez “El Choco”, hay una persona condenada. Los demás participantes, de acuerdo con las investigaciones de la autoridad, están muertos. Sus decesos también fueron producto de la violencia.

Esos años de la violencia voraz en Juárez amenazan con regresar. Una situación que no es desconocida para los periodistas de la ciudad.

A partir de 2008, los periodistas se vieron solos, contó Orquiz. Sin una autoridad en la cual confiar y con la sociedad silenciada. El 2010, de nuevo otro asesinato de otro periodista de Juárez, Luis Carlos Santiago. De él, nada, la investigación no muestra, a la fecha, avance alguno.

Salieron de las redacciones los reporteros a protestar, solos. Después, los médicos siguieron su ejemplo ante las amenazas y asesinatos que también mermaron su profesión. “Todos debimos pedir justicia para nuestra gente”, recalcó Orquiz.

Ante la posibilidad de un nuevo pico de violencia, situación previsible en la frontera por la que atraviesa más droga y armas en el país, Martín Orquiz pide apoyo no de autoridades, sí de los ciudadanos, sin los que el periodismo no puede ejercerse bien.


 Kowanin Silva. Vanguardia. Coahuila

 “8 de enero de 2010. Ya sabemos dónde vives pinche gorda. Te vamos a descuartizar y a tirar encuerada en pedacitos afuera del Marbella como lo hicimos con Valentín”, recordó Silva.

En la noche previa habían asesinado al periodista Valentín Valdés en Saltillo. Una semana antes en el hotel Marbella el Ejército había detenido a un integrante del Cártel del Golfo.

“Todos cubrimos la nota, él (Valentín), investigó de más”, dijo la directora de contenidos de Vanguardia.

En ese entonces en las redacciones había narcorreporteros., “No eran infiltrados, eran reporteros traidores que se habían vendido a los cárteles. Estábamos rodeados. Los periódicos tenían miedo de correrlos y entonces había que torearlos.

“Así fue como aprendimos el silencio en Coahuila. Sepan que lo intentamos todo”, leyó Silva a la audiencia.

Esa muerte, las presencias de quienes informan a quién les ha contratado, así se fraguó el silencio, reiteró. Porque, de nuevo y como todos saben, no hay nota que valga la pena de nadie.

Las amenazas, en el caso de Kowanin, siguen. La ineficiencia del gobierno, también.

“La ayuda llegó un año después”, mencionó. El protocolo de protección de periodistas, falló en su caso, contó Kowanin. Le encargaron su protección precisamente a quien no protege, a las autoridades estatales.

La deuda del periodismo, consideró la periodista, es contarle a la sociedad lo que pasó en esos años en Coahuila donde, dice, hay ahora una calma aparente, preocupante.

Contar las matanzas, documentar los cementerios clandestinos, informar del dolor de una sociedad golpeada, como muchas en el país.

Daniel Rosas. El Mañana. Tamaulipas

 Editor web de El Mañana, Daniel Rosas señaló que tanto en Tamaulipas como en otras entidades de México los gobernantes se han involucrado con el crimen organizado, situación que aunque documentada en los medios, no ha derivado en la impartición de justicia.

“Tenemos décadas de tener autoridades que se han corrompido hasta el tuétano”, dijo.

Como ejemplo de la corrupción de los gobiernos, Rosas citó al exgobernador de Tamaulipas, Tomás Yarrington.

“Tomás Yarrington anduvo por todo México. Le decomisaron unos condominios le decomisaron casas, ranchos y muchas propiedades, (pero) en México Tomás Yarrington era un ciudadano más”, recordó.

Después, llegaría al poder Eugenio Hernández, recordó.

“Se repite la historia, un gobierno que se corrompe, un gobernador que se corrompe. Al señor Eugenio Hernández el gobierno mexicano no lo quiere detener”, sostuvo.

La corrupción, recordó, es el mal que permea en todo el sistema político, del que los periodistas tienen el deber de informar.


Andrés Villarreal. Ríodoce. Sinaloa

 La cobertura del narcotráfico ha traído experiencia, aprendizaje en los periodistas.

El costo, sostuvo Andrés Villarreal, jefe de información de Ríodoce, ha sido muy alto por el asesinato de informadores en todo el país.

Villarreal mencionó que hacer encuentros entre periodistas de distintas partes del país fortalece al gremio, al compartir experiencias que pueden ayudar a blindar el trabajo periodístico.

“Son muy parecidos Tijuana a Hermosillo, a Ciudad Juárez. Tenemos muchas similitudes que no logramos aprender y que no logramos visibilizar antes”, indicó.

El asesinato de periodistas y la permanencia del crimen organizado en todas las esferas de lo público hacen necesario realizar un trabajo de autocrítica y, más que nunca, no claudicar en el trabajo de informar.

“Tenemos que contar lo que no pudimos contar. (Contar) qué fue lo que no vimos que venía, porque eso no surgió de generación espontánea”, precisó.

Villarreal, compañero de Javier Valdez, un referente obligado entre los periodistas de México, advierte que en Sinaloa 500 homicidios al año eran parte de la normalidad. Una cifra que desde fuera se advierte no es, por ningún lado, “normal”. Por tercera vez en el foro de periodistas fronterizos, se advierte “el narco llegó a nosotros, no lo buscamos”.

Contar, registrar, informar, todo para entender un fenómeno que, cuando explotó, dejó “atontados” a los periodistas, reconoce Villarreal.

A pesar de que pasan los años y se mantiene la violencia (con vaivenes a la baja y alza), sigue siendo necesario el periodismo, contar las historias y no quedarse callado.

El reto, sostuvo, consiste en no arriesgarse de más, en preservar la vida de los periodistas.

Un camino posible, consideró, es el periodismo colaborativo, donde se aprovechen la experiencias que han marcado a la mayoría de las redacciones del país y que ello pueda servir como escudo protector de un gremio llamado a cumplir con su obligación de informar.

En el debate posterior a cada una de las intervenciones, Luis Alberto Medina resalta que, cuando menos en Sonora, no hubo conciencia de la magnitud del fenómeno del narco y del riesgo que representaba su cobertura.

“Estamos rebasados”, declara. Sostiene que el pacto entre autoridades que permite el tráfico de drogas mantiene una calma aparente que, sin embargo, no se posa sobre el periodismo.

“Hay una guerra contra el periodismo en México. Ahorita es deporte nacional patear a un periodista”.

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