Denuncian dos periodistas juarenses arresto por la Patrulla Fronteriza

 

Hérika Martínez Prado y Luis Christian Torres Chávez tomaban fotografías, a través de la malla fronteriza, del centro de detención temporal para migrantes en Tornillo, Texas

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Red de Periodistas de Juárez
Ciudad Juárez– Los periodistas Hérika Martínez Prado y Luis Christian Torres Chávez fueron arrestados por agentes de la Patrulla Fronteriza mientras tomaban fotografías, a través de la malla fronteriza, del centro de detención temporal para menores migrantes en Tornillo, Texas, colindante con el municipio de Guadalupe, en El Valle.
Los hechos ocurrieron el pasado 18 de junio, pero trascendieron hoy cuando ambos periodistas decidieron hacer público su relato del incidente “para prevenir que a más compañeros les pase lo mismo”, como dice Hérika, una periodista en Ciudad Juárez desde 2005.
Ambos estuvieron detenidos durante 16 horas y trasladados a tres estaciones diferentes de la Patrulla Fronteriza en Texas. En la primera estación los entrevistaron unos supervisores, les tomaron fotografías y los hicieron firmar que autorizaban hacer una copia de todo el material que habían tomado en las cámaras y en los teléfonos celulares, incluidas fotografías, llamadas y mensajes, narraron. Posteriormente, a los dos les quitaron su visa de turista, otorgada por el gobierno de Estados Unidos.
“Nuestra intención nunca fue cruzar, ni para trabajar allá, ni para pedir asilo político. Ambos llegamos fácilmente hasta la malla fronteriza”, reitera Hérika.
“Pisamos suelo americano sin saberlo…vimos la malla que divide los dos países, pero como nunca nos había tocado trabajar en ese punto no sabíamos que el campo grande con muchas plantas es donde existe el Río Bravo, está completamente seco y como no existe ningún señalamiento que indique la división de los países pensamos que la malla era la división, como en Anapra y Nuevo México”, agrega Christian.
Ella trabajó durante 11 años para el periódico Norte de Ciudad Juárez. En 2015 ganó el Premio Nacional de Periodismo en México y actualmente colabora para Agence France-Presse (AFP) como fotoperiodista y como reportera en el periódico El Heraldo de México.
Christian lleva siete años como fotoperiodista de Ciudad Juárez, ha trabajado en el periódico El Diario de Juárez y actualmente colabora con la agencia de noticias Associated Press y la agencia china de noticias Xinhua cubriendo noticias en territorio mexicano.
Aquí dejamos íntegros los testimonios de Hérika y de Christian sobre su incidente con la Patrulla Fronteriza, en Texas.

Carta de Hérika Martínez Prado
El lunes 18 de junio, Christian Torres, quien colabora como fotoperiodista para agencias de noticas AP y Xinhua y yo fuimos detenidos durante 16 horas por la Patrulla Fronteriza, cuando tomábamos imágenes a través de la malla fronteriza, del centro de detención temporal para menores migrantes ubicado en Tornillo, Texas, frente al Valle de Juárez.
Todas mis historias son tomadas desde lado mexicano, ya que yo trabajo para la oficina de México de la AFP, y ellos cuentan con periodistas en Estados Unidos.
La historia de los menores migrantes que eran separados de sus padres al momento de cruzar la frontera obviamente me conmovió. Y ese día, más que por el tema del momento, me llevó hasta malla fronteriza el interés por comprobar que realmente estaba ocurriendo eso, que tenían a los menores solos, bajo carpas, lejos de sus padres.
Durante los últimos dos años he retratado muchas veces el muro y la malla fronteriza que se encuentran en las zonas de Anapra, en Ciudad Juárez, México, frontera con Sunland Park, Nuevo México, así como en el ejido de Jerónimo, municipio de Juárez, en la frontera con Santa Teresa, Nuevo México.
En ambos casos el muro o la malla dividen ambos países y siempre pensé que en la zona de Tornillo, Texas y el Valle de Juárez era igual.
Por eso, después de aplicar el protocolo de seguridad que realizo siempre voy a un lugar de alto riesgo, ambos nos acercamos a tomar imágenes del albergue a través de la malla fronteriza, desde el mismo punto donde muchos otros compañeros lo han hecho antes y después que nosotros.
Desde el año 2000 yo cuento con documentos para ingresar legalmente a Estados Unidos como turista. En 2010 renové la visa y se me otorgó la B1/B2 Visa Corder Crossing Card, la cual tiene vigencia hasta el 11 de noviembre de 2020. Christian también tiene documentos para ingresar de manera legal a Estados Unidos, pero nuestra intención nunca fue cruzar, ni para trabajar allá, ni para pedir asilo político. Ambos llegamos fácilmente hasta la malla fronteriza.
Yo no sabía que lo que parece un sembradío, con árboles es en realidad parte del río Bravo o río Grande, el cual me dijeron los agentes que no tiene una gota de agua porque hace meses cerraron las compuertas para que no llegue el agua al Valle de Juárez.

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Nosotros no conocíamos esa zona fronteriza, y en ese punto en ningún punto se especifica en dónde empieza Estados Unidos, por lo que el desconocimiento nos llevó hasta ahí, la malla fronteriza que nosotros pensamos dividía ambos países.
Cuando tomábamos a través de la malla fronteriza a los menores primero formados afuera de las carpas del albergue y después jugando futbol, de pronto llegó una Patrulla Fronteriza, lo que nos sorprendió a ambos.
Debido a la seguridad de que estábamos en México nunca intentamos huir, por lo contrario, yo tomé tres fotos de la unidad que se acercó a mi compañero. Y me acerqué para ver porqué estaba una patrulla fronteriza en México, nunca intenté huir o correr.
Aunque nos identificamos como periodistas desde el primer momento, la patrulla fronteriza nos trasladó a tres estaciones diferentes. En la primera estación nos entrevistaron unos supervisores, nos tomaron fotografías, momento que confieso fue muy difícil para mí. Después nos hicieron firmar que autorizábamos que pudieran hacer una copia de todo el material que habíamos tomado en las cámaras y en los teléfonos celulares, incluidas fotografías, llamadas y mensajes.
Nos hicieron esperar horas en lo que un fiscal revisaba todo nuestro material. Un agente nos confesó que nunca había pasado algo similar con periodistas, pero sí con policías mexicanos, a quienes trasladaron con todo y sus armas después de haber pisado suelo estadounidense sin saberlo.
Aunque el trato de los primeros agentes, latinoamericanos, fue amable y siempre trataron de tranquilizarnos y explicarnos que estaban actuando conforme a su protocolo pero que todo estaría bien, fuimos trasladados a una celda.
Mientras éramos interrogados pude observar a un sinnúmero de familias, principalmente centroamericanas, que llegaban a la central de la Patrulla Fronteriza custodiadas por agentes.
Durante todo el tiempo observé a las mujeres migrantes que llegaban con sus hijos, en algunos casos con sus esposos, también había hombres y adolescentes solos. Todos llegaban y esperaban sentados en el suelo su turno para ser interrogados y trasladados a una celda. Solo vi a dos hombres que llegaron esposados por un agente estadounidense.
Un agente que parecía de origen mexicano escuchaba emocionado las canciones de Los Tigres del Norte y creo que eso relajaba un poco el ambiente de los migrantes, mientras los interrogaba de manera sonriente.
Algunos niños se veían cansados, quizá después de días de transitar desde su país hasta ahí. Y otros se mostraban completamente ajenos a lo que ocurría y le sonreían a los agentes a través de los cristales.
A las 10:30 de la noche nos dejaron hacer una llamada y yo le hablé a un compañero fotoperiodista para que se comunicara con mi familia, con la AFP, donde hasta entonces no sabían nada de mí, y con las autoridades del Valle de Juárez, donde dejé mi carro.
Hasta entonces nos dijeron que el fiscal había decidido que solo sería una sanción administrativa, con una recomendación de cancelación de visa, pero que todo estaba bien.
Un agente nos dijo que debido a esa recomendación podían cancelar mi visa al día siguiente, en una semana, un mes o nunca. Y nos recomendaron buscar a un abogado al regresar a México.
Nos dijeron que en ese momento no podían dejarnos regresar a México porque es un país muy peligroso, porque ya era de noche y porque yo soy mujer y corría muchos riesgos, por lo que teníamos que esperar hasta el amanecer.
A través de los espejos yo veía mujeres asomándose con sus hijos en brazos, niños dormidos en la misma celda que sus mamás y hombres envueltos en plásticos térmicos de color plateado.
Aunque nos tranquilizaron un poco, nosotros teníamos miedo, estábamos llenos de incertidumbre, pedimos que nos dejaran en la celda de entrevistas donde nos habían tenido hasta entonces, y donde se leían mensajes tallados en la pared como “Bebo” y “Chikitin 14”, escrito por migrantes que habían estado ahí. Pero nos dijeron que no podíamos estar juntos por ser hombre y mujer.
Nos pusimos más nerviosos cuando vimos que uno de los hombres dentro de las celdas no dejaba de temblar y veíamos cómo sus plásticos no dejaban de moverse por el aire.
Finalmente nos trasladaron a una celda a cada uno, donde estuvimos solos, siempre vigilados por una cámara de seguridad.
Yo estuve en una pequeña celda con grandes ventanas de vidrio, en la cual había una pequeña división y después estaba una taza de baño y un lavabo con aspecto de bebedero, pero me sentía intimidada al saber que estaba siendo vigilada.
En mi celda había una pequeña banca de madera, de aproximadamente un metro de largo, en la cual me dormí a ratos, siempre esperando el momento de salir, preocupada por mi familia e imaginando la desesperación de las familias de migrantes que estaban en las otras celdas.
Me dieron un plástico térmico plateado, pero aproximadamente a las 11 de la noche llegó una agente para revisarme, me dijo que ya sabía lo que había pasado, que todo iba a estar bien y me llevó otra cobija para que recostara la cabeza. También me preguntó nuevamente si ya había cenado.
Esa misma agente, le insistió a Christian que cenara, porque no había querido, y le llevó un pequeño burrito de frijoles en una bolsa, un jugo y una galleta en barra; lo mismo que me habían dado a mí unas dos horas antes.
Frente a mi celda había un reloj, por lo que estar al pendiente de la hora me hizo más larga la noche. Aunque dormía en ratos, la posición incómoda en la pequeña banca, el frío en los pies, el frio de la pared y los nervios de estar en una celda y en otro país me despertaban, esperando que dieran las siete de la mañana, porque nos dijeron que a esa hora nos dejarían ir.
En todo momento me sentí vigilada. Lo estaba. Incluso en el baño.
Hasta entonces el miedo y los nervios se habían apoderado de nosotros, pero el trato de los agentes había sido amable. Pero a las 5:30 de la mañana del martes 19 de junio hubo cambio de turno, entraron nuevos agentes y a esa hora me quitaron la cobija que me había llevado la agente.
Una hora después, un agente nos sacó de la celda, y junto a otro agente me hicieron firmar las hojas de la detención, uno de ellos hablándonos siempre con voz muy alta y muy molesto. Me dijo que eso no podía quedar así, que éramos un mal ejemplo para la gente.
Mientras yo firmaba los documentos, mi compañero volteó a ver la televisión, donde transmitían un partido de la Copa Mundial de futbol y el mismo agente se molestó por eso y lo reprimió.
También se molestó porque debido al frio del lugar, además del frio que causan los nervios, Christian encorvó la espalda y metió las manos a la bolsa del pantalón, aunque ellos ya lo habían revisado y sabían que no traía nada.
Yo los veía molestos por cómo habían llenado sus compañeros una noche antes el procesamiento.
Me pidieron firmar la cancelación de mi visa por 5 años, le pregunté al agente qué pasaba si no firmaba y se molestó más, me dijo con voz muy fuerte que yo había cometido un delito, que si no firmaba me volverían a meter a la celda, que me llevarían con un juez, que pasarían dos, tres o cinco días, que quizá me llevarían a la cárcel y que finalmente me iban a deportar sin la visa. Buscaba intimidarnos, y lo logró.

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Foto: Cortesía Hérika Martínez y Christian Torres

También me preguntaba en forma burlesca que si era periodista cómo no conocía la frontera, y aunque yo le explicaba que en Anapra y Santa Teresa la malla divide la frontera, él estaba muy molesto y después decía que yo le dije que vivía en Anapra y cuando le dije que no, que yo dije que tomaba fotos en Anapra me preguntó de manera irónica “¿Ah, ya no vive en Anapra?, ¿Ahorita sí vivía en Anapra y ya no?”.
El agente del Instituto Nacional de Migración (INM) que llegó por nosotros fue testigo de cómo nos hablaba y nos sugirió levantar una queja.
Después de 16 horas de estar detenidos, en la mañana los agentes nos hicieron sentir psicológicamente mal, nos recriminaban haber confundido la frontera, y me hicieron sentir como si hubiera atentado contra la vida de alguien o contra la seguridad nacional de su país, cuando yo lo único que hacía era tomar fotografías creyendo que estaba en mi país.
Mi intención nunca fue pedir asilo político a Estados Unidos, como me lo preguntaron una y otra vez. Tampoco quería trabajar en Estados Unidos, ni entrar de manera ilegal.
Ahora me preocupa la cancelación de mi visa, ya que al igual que miles de juarenses y paseños tengo una vida transfronteriza; he acudido a Estados Unidos a cursos de seguridad para periodistas organizados en Washington por Fundación MEPI, el Consulado de Estados Unidos en Ciudad Juárez me becó en 2007 a través de El Diario de Juárez para acudir a una semana de periodismo a Quito, Ecuador, incluso todo el equipo fotográfico que utilizo lo he comprado en Estados Unidos.
Me parece que no utilizaron el criterio, que desproporcionaron las cosas, ya que desde el primer momento confirmaron que éramos periodistas, que al secarse el río y no haber señalamientos de que es un rio se hace invisible la división y por eso nosotros pensamos que la barrera era la malla fronteriza.
Nuestra intención no podía ser ingresar como indocumentados e internarnos a su país cuando ambos teníamos visa, cuando ellos sabían que mi carro estaba estacionado enfrente, en un lugar poco seguro, cuando traíamos cámaras y lentes, cuando desde el primer momento vieron mi gafete de prensa y cuando revisaron todo nuestras fotos, llamadas, mensajes.
Me preocupa la falta de criterio, cuando comprobaron que solo estaba tomando fotografías, que tengo visa y que por un error involuntario cruce los límites de ambos países para tomar imágenes a través de la malla. Me preocupa que para Estados Unidos cometí un delito.
Confieso que ahora me siento vigilada al saber que revisaron todo el contenido de mi celular, siento miedo de ser detenida al pasar involuntariamente los límites en los eventos que ocurren en los puentes, ya que aunque siempre soy cuidadosa de no hacerlo, lo que antes creía como imposible ahora sé que sí puede ocurrir.
Al ver las imágenes de los menores acostados en el suelo, envueltos en el plástico plateado pienso que mi miedo se multiplica en ellos al infinito al estar lejos de sus padres, de su país, sin saber cuándo volverán a encontrarse.
Desde el día que ocurrió eso tengo dolores de cabeza, y aunque dudamos en hacerlo público, sabemos que esto podría quizás prevenir que otros compañeros pasen por lo mismo, ya que es una zona donde muchos han hecho tomas de fotografía y video, debido a que es una zona donde es fácilmente confundible la frontera, y donde ni Estados Unidos ni las autoridades de México se han preocupado por poner algún señalamiento.
Afortunadamente, mi familia, mis jefes y compañeros de trabajo me han mostrado en todo momento su apoyo. Y aunque me siento temerosa, también siento mayor empatía con los miles de migrantes que se ven obligados a salir de su país y llegar a Estados Unidos sin saber lo que ocurrirá con ellos.

Carta de Luis Christian Torres Chávez
Tengo 7 años como fotoperiodista de Ciudad Juárez, desde octubre del 2010 fecha en el que empecé a trabajar en el periódico El Diario de Juárez y actualmente colaboro con la agencia de noticias Associated Press y la agencia china de noticias Xinhua cubiendo noticias en territorio mexicano.
Cuento con la B1/B2 Visa Corder Crossing Card (conocida como visa de turista) desde el año 2000.
El día lunes 18 de junio del presente año me acerqué a tomar fotos en la frontera del Valle de Juárez y Tornillo, Texas, para tomar fotografías del centro de detención temporal para jóvenes migrantes desde territorio mexicano.
Me comuniqué con mi compañera también fotoperiodista, Herika Martínez, que colabora para AFP, para ir juntos ya que el territorio del valle de Juárez es muy peligroso incluso de noche nadie puede circular por la inseguridad.
Llegamos al punto y vimos la malla que divide los dos países, pero como nunca nos había tocado trabajar en ese punto no sabíamos que el campo grande con muchas plantas es donde existe el Río Bravo, está completamente seco y como no existe ningún señalamiento que indique la división de los países pensamos que la malla era la división, como en Anapra y Nuevo México, lugar donde si nos toca mucho trabajar ya que es donde refuerzan la malla fronteriza y donde se han llevado acabo protestas y misas binacionales.
Caminamos a la malla fronteriza y empezamos a tomar fotografías a través de la malla, era muy complicado porque estorbaban las varillas que conforman la malla después de aproximadamente 15 minutos escucho el ruido de un vehículo y al voltear vi que era una patrulla de migración.
Se me hizo raro verla de lado mexicano, atrás del muro, el agente paró y bajó, sin hablarme yo me acerqué a él para saludarlo, pensé que nos iba a preguntar a qué le tomábamos fotos Hérika estaba como a 10 metros aproximadamente y también pensó que es lo que hacía un agente de migración de lado mexicano por lo que tomó fotos cuando yo estoy saludando al oficial.
Me pidió mis documentos y saqué mi credencial oficial y me preguntó que si era mexicano conteste que sí y me dijo estás en problemas y yo me asusté, me dijo que estaba en territorio americano, y mi compañera caminaba hacia nosotros y el oficial le hablo pero Hérika ya estaba llegando, y también desconcertada, empezamos a explicarle que no sabíamos que era territorio americano, que era una total confusión, nosotros no teníamos la intención de cruzar mucho menos de tener problemas con autoridades americanas.
Y el agente se molestó pensando que nosotros queríamos cruzar, habló por radio en inglés y llegaron dos patrullas más, les volvimos a explicar lo mismo y ellos nos decían que entendían que todo iba estar bien que no pasaría nada, que solo nos iban a llevar a tomarnos las huellas y que seriamos regresados a México lo más rápido posible.
El carro de mi compañera estaba a unos metros de nosotros, teníamos el temor que le fuera a pasar algo ya que ese territorio es muy peligroso, teníamos nuestras computadoras arriba del vehículo.
Aproximadamente después de 15 minutos nos subirían a una camioneta donde nos llevarían, pero nos tuvieron que bajar porque remolcaba unas motocicletas, entonces nos subieron a una patrulla donde trasladan a los migrantes.
Nos quitaron todas nuestras pertenencias, celulares y nuestros equipos fotográficos.
Estábamos tranquilos ya que solo era una confusión que se arreglaría de inmediato, los agentes se portaron muy amables y nos hacían sentir bien.
Llegamos a una estación de migración en Clint, y ahí varios oficiales nos empezaron a interrogar firmamos unas hojas para dar el permiso que revisaran nuestras cámaras y celulares, nos tomaron fotografías y nos empezaron a decir que, si queríamos un abogado, pensé que esto ya estaba bien.
Nos llevaron a otra estación como 35 minutos de Clint, pero los agentes nos platicaron que iríamos a la del centro de El Paso ya que esa se encontraba llena.
Llegamos y nos metieron a un cuarto ya estábamos muy preocupados nos tomaron huellas, fotos, me quitaron las cintas de mis tenis y nos mencionaron los agentes que no iban a levantar cargos los jueces, porque nuestra intención no era cruzar ilegalmente, que solo sería una sanción administrativa, que no podíamos ir de vuelta a México porque mi compañera era mujer y eran como las 11 de la noche y es peligroso nuestro país.
Dormimos ahí un poco más relajados, nos separaron, como a las 7 de la mañana me sacan del cuarto donde dormí y cambió completamente nuestro trato, me hacían sentir como un criminal, nos preguntaban en forma sarcástica que si somos periodistas porque no sabemos dónde es territorio americano.
Nos hacían firmar hojas mientras mi compañera llenaba sus hojas con firmas yo miré hacia la tele estaba un juego del mundial y los agentes se molestaron mucho que volteara a ver lo que hacía Hérika, tenía mis manos en las bolsas por el frio y me las sacaban.

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Foto: Cortesía de Christian Torres

Firmamos unas hojas donde decía que tenemos la visa castigada por 5 años, completamente cambió todo a lo que nos decían los agentes que nos habían detenido, yo me preocupé mucho ya que tengo una vida fronteriza, mis dos hijos nacieron en El Paso, Texas, y tenemos que pasar seguido para aplicarles sus vacunas en El Paso, compró carros salvages en Copart donde tengo que irlos a pagar en Nuevo México para venderlos en Juárez.
Totalmente tengo una vida con El Paso, Texas, tengo corte el 9 de agosto por manejar un carro salvage de los que compro que llevaba a México para ser importado, es por todo esto me preocupa la cancelación de visa.
Me preocupa que otros compañeros tengan el mismo problema, también me preocupa la falta de criterio, entiendo que pisamos suelo americano sin saberlo, pero pienso que reunimos todas las pruebas para que no pasara a mayores.

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